jueves, 5 de abril de 2012

El hombre solo.

¿Cuándo dices?
Ya sabes, eres pequeño, eres... tonto, sí, tonto. Levantas la vista y aún te preguntas día a día cómo era eso de que el mar era azul porque el cielo no sé qué...
Ah, eso.
Sí, eso.
Entonces, ¿qué decías?
En esos días, ¿quién eres? Si no sabes ni de qué color es el cielo, si aún te sorprende la aparición de las nubes con su color plomizo... ¿Cómo vas a ser? ¿Eres una persona? ¿Tienes acaso opinión sobre la aparición de las nubes? Nada. ¿Y si estuvieras solo? ¿Qué pasaría si te acostumbrases únicamente a los hábitos de la naturaleza? Ya sabes, hasta no comprenderlos, si no simplemente habituarte. Sin hacer cuestión. Sin tener quien te cuestione. ¿Quién es humano sin humanos? ¿Quién es persona sin personas? Quien se vuelve bueno, o malo, o tacaño, o cruel, sin nadie que lo pruebe, sin nadie que recrimine. Sin nadie que te obligue a ello.
¿Mejor solos entonces?

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