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miércoles, 14 de marzo de 2012

Desnuda.

¿Desnuda, dices? Desnuda,
desnuda de verdad. A ti
cedo mi camisa blanca, los
pantalones, complejos vestidos
difíciles complejos. Una palabra.
Mírame.

¿En pie, dices?
A ti mis bragas, el coletero
dos o tres lunares, miles de
por que, sudan sangre
y tú, alza la vista, dices.

Más, pides.
Mas pides mi desnudez la
camisa, los lunares encorvados...
¿Más? Desnuda. Ven,
ven desnuda a mí, acércate.
Mas ahora vísteme, viste
mi alma desnuda suda
seca enjuaga con tu boca
sus poros, seda
recórreme,
toma con tu lengua mi alma
y sólo devuélvela a mi boca.
Bésame.

domingo, 17 de octubre de 2010

El baile.

  
Descubrió que para mantener la relación debía llevar a cabo muchos cambios. Había que bailar a su mismo ritmo, guiándose por sus expresiones, cada una de sus palabras. Así pues, había de alejarse en el momento en que percibía aquella fría cordialidad, acompañado por el mismo movimiento por parte de ella. A la llegada de una palabra hiriente, girar sobre sí mismo y mirar a otro lado. Tomarla de la mano cada tres pasos, recordando su presencia. Acercarse por un instante, agarrando su cuerpo, impulsivo, apasionado. Regresar tan rápido como un pestañeo para que aquello dejase solo un recuerdo breve e intenso. Al final de cada baile, cuando ella bajase rendida la mirada, caminar despacio y abrazarla, besarla. Demostrarle que esa soledad únicamente existe en su mente. Un beso en la frente y esperar, quizá, una respuesta mayor por su parte. Ninguna palabra, ninguna caricia. Nada más.

viernes, 1 de octubre de 2010

La valentía es una optativa más.



Esta carta expresa lo último. El tiempo es poco. Siento  que a cada segundo se acerca más el final.  Es pronto, quedan demasiadas lecciones por aprender, demasiadas palabras que decir.  En el momento en que crucé la puerta supe que no regresaría, que nada sería igual. Ojalá las últimas palabras hubieran sido otras y tuviéramos un último beso de despedida. ¿Por qué nada termina con un beso? Siento que fuera una mezcla de tristeza y rencor la que se apoderó de mí al volver a casa. Terminar bien algo que ya está zanjado. Ojalá. 

No lo he pensado, no he reflexionado. He cogido las maletas. No sé ni dónde estoy ni a dónde voy. No sé si volveré a verte. Tú no querrás verme.  Cada vez que miro hacia atrás me pregunto por qué jamás llevo mi teoría a la práctica. Recuérdame que la próxima vez que te abandone te diga antes la verdad. Te quiero.  Por eso seré yo quien te haga más daño. Voy a provocarte las mayores emociones. Llora de 

alegría y tristeza ahora. Sé que lo harás. Absurdo, ese pensamiento me alienta a irme aún más lejos. Me duele tanto.  Todo está ahora a flor de piel. Todo. Por fin me siento vivo. Gracias.

viernes, 16 de julio de 2010

Tum tum.

Era un sentimiento estúpido, lo sabía. El miedo a lo nuevo, al cambio, es decir, a lo deseado.
Mi propia mente intentaba impedirme que avanzara, creaba cadenas que se aferraban a mis tobillos, intentaba hacerme tropezar. Cuando giraba la cabeza, sin embargo, no había nada, nadie, pero yo sentía unos ojos en l nuca.
Mi respiración comenzaba a acelerarse, mi cuerpo temblaba, él se iba a salir de mi pecho. Tum tum, tum tum. Lo que podía ser un signo de tanta vida comenzaba a reflejar una melodía macabra. Y yo luchaba contra la nada, me sacudía, gritaba, arañaba mi propio cuerpo, arracaba mi pelo. El mal estaba dentro, él estaba dentro. Tum tum, tum tum. Yo luchaba por dar los últimos pasos que me harían llegar al final. Mis pies eran de plomo, mi sudor, ceniza que volaba con la brisa procedente de aquella puerta. Un último esfuerzo, dos pasos, la puerta de embarque se cerró a mis espaldas. La ansiedad se personifico ante mí y aplaudió mis proezas. Y ¿qué fue de mí? Yo volé.

domingo, 16 de mayo de 2010

Sueño.

Cierra los ojos, vamos, ciérralos. Qué crees que hay ahí? Dos palabras, no tiempo. horas, minutos, segundo... que los jodan. Puedes morir, o vivir. Gira la cara, olvídame, corre. Intenta, al menos.
Miles de bombillas, neones, confusión, la ciudad me cubre, me apresa, me asfixia. Tus largos brazos recorren la ciudad, la agarran, me estrujan. 
Tus ojos que todo lo ven no me sienten, soy una hormiga. Me aplastas, me asfixias. Yo soy la negra hormiga perdida, perdida.
En un lugar de la ciudad.
Eres el monstruo que todo lo abarcas. Mis pensamientos traslúcidos son apagados por tus actuaciones, cuatro veces por semana, puede que cinco minutos. Con dos veces hubiera bastado. Si no fuéramos mudos cuatro veces por semana... s no nos quedáramos ciegos cuando los neones se vuelven nítidos.
Si no, si no tantas cosas.
Hubiera sido bonito ver la ciudad con la luz del día. Entrar sin llamar en tus ojos y cotillear a ver si allí también dejas las cosas tiradas, dar media vuelta, un rodeo, rodar los ojos, estudiarme todo. Todo lo que no estudio de los libros. Tú no eres un libro abierto, por eso yo quiero estudiarte. Me gustaría dormirte, más de cuatro veces, ver qué hay cuando no te cntrolas.
quiero que quedemos en un sueño.Dime, subconsciente. Diría que mi propia inconsciencia dormiría conm,igo esa noche. Verde, azul, transparente. Así sería, verde, azul, y transparente. Verde azulado. colores fríos, la calidez la dejamos para el final. Tú me entiendes. Podríamos dar una vuelta alrededor de tus neuronas. Me gustan las chispas. Son como fuegos artificiales. En el centro haríamos una hoguera, ya al final de la noche, nos tumbaríamos incorpóreos ante ella y haríamos el amor fingiendo follar. Ni en sueños, ni en sueños te pienso mimar.
En lugar de eso, hoy ceno un sandwich. Salgo a dar un paseo por una calle sin luces, me gustan los deportes de riesgo, doy vueltas, vueltas. Giro, respiro, giro. Me cuento las costillas, le doy un puñetazo a la puerta para darme cuenta de lo vulnerablemente humano que es mi cuerpo. En sueños no, espero que a mí espíritu no le duela la desvirgación metnal. O, no, mierda, me despertaré.

viernes, 26 de marzo de 2010

Claustrofobia.

Abrió los ojos. Los cerró. Repitió el movimiento. No percibía cambios. Negro. ¿Oscuridad? Movió la cabeza, había suelo bajo su pelo. Frío o caliente. Era terciopelo. Lo intentó por última vez. Escuchó el ínfimo sonido del pestañeo. ¿Pero dónde...? Se mordió el labio inferior. No podía ser. ¿Pintalabios? Ella nunca utilizaba eso. No lograba recordar lo que había pasado.
Le dolía la espalda, los brazos, estaba agarrotada. Los piés los tenía congelados, apenas si era capaz de mover los dedos dentro de los... ¿zapatos? No podía ser. No lograba recordar la última vez ue se había puesto unos de esos, ella nunca abandonaba las deportivas. Olvidando por momentos el dolor de los músculos, intentó hacer memoria. Quizás fuer a una fiesta y bebió de más, por eso iba arreglada. Entonces, ¿estaría en casa e algún tío? Oh, no, mierda. A saber qué había hecho. Inconscientemente estiró el brazo izquierdo, siempre dormía al lado derecho, para comprobar si había alguien a su lado.
Tocó algo.
Pero no fue un cuerpo.
Tocó madera. Comenzó a temblar. ¿Cómo podía haberse quedado dormida al lado de la pared? No lo soportaba, sentía claustrofobia. Realmente había bebido mucho. Cerró los ojos. Intentando controlar nuevamente su respiración. No le llegaba el aire. Extendió el otro brazo.
Gritó. Gritó muy fuerte. Madera.
Comenzó a temblar. Notaba calambrazos en las piernas. Debía calmarse. Fue a colocarse las manos en la cara, para respirar mejor. No pudo. Tropezó con algo. Un techo. Gimió al darse cuenta.
Los zapatos, el pintalabios, el terciopelo... Aquellas gotas en su vaso, la oscuridad,aquel pitido en sus sueños, las voces apagándose, lejanas... La venganza, su entierro.










sábado, 27 de febrero de 2010

Demo.

Coidame.
Coidame, estou enferma.
Teño medo teño...
ao demo, 
dentro.

Trémenme os muslos,
cáenme as bágoas.
Coñezo os meus problemas e...
non son quen 
de trocalos.

Teño medo de miralo,
mirarme.

O espello,
a váscula,
o lavavo.

E logo, por que?
Ou...
por que non?

Que máis dará que veña visitarme,
de cando en cando,
so eu o vexo, e
podo apartalo ou
podo acercarme e...
agarimalo.

Podo facer tantas cousas...

E teño medo diso, 
diso teño medo.

Coidame,
coidame, teño ao demo e
diso teño medo.


 


Nuevamente, poemas en chándal. El dibujo no, no es mío. Es excelente.

sábado, 20 de febrero de 2010

Poemas de andar por casa.

E eu,
eu tamén te quero.
E non foi sinxelo
afacerse.

Seguir as normas do teu caracter,
e do meu.
Coñecerte e darme conta da existenza do descoñecido,
dentro de ti, moi dentro
do coñecido.

E non bastan unha, 
ou dúas linguas,
unha ou dúas palabras.
Sobra a voz, os sons articulados
e os labios.

E a escuridade fará máis forte
a túa presenza.
Coas miñas mans poderei entón tocarte,
dicirte todo o non escrito,
sen palabras,
e, por que negalo?
amarte.



Poesía en chándal. Castelanismos, tan lonxe e tan cerca á vez.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Alzheimer

Había cuatro flores en el florero de la entrada, cuatro que cambiaba meticulosamente cada día, para que no se pudieran.. o no darme cuenta yo de que pasaba el tiempo.
No sabría decir cuántas flores se sucedieron en todos aquellos días, ¿cientos, quizá?, ¿o apenas diez? Como he dicho, no sé la respuesta.
Eran rojas, siempre rojas, si no las había yo misma me ocupaba de que se volveiran rojas de alguna manera. Quería recordar los colores, lo vivos que eran, saber la pasión que el rojo había representado en aquellos quince años que pronto olvidaría.
Y eran rosas, rosas de las de verdad, no de color rosa. No soy redundante, pero, pero... maldita sea, no, no soy redundante. Eran rosas porque... ¡por los tangos que aprendí a bailar con él! Eso era. Me cudiaba de quitarle las espinas, para poder creerme una princesa eternamente joven al agarrar alguno entre la dentadura.
La dentadura... ¿pero dónde está la dentadura? Sobre la chimenea, sí, sobre la chimenea. Al lado hay una foto de mi hijo, Ricardo, qué guapo es. Hace tiempo se marchó, pero... no recuerdo verlo volver. Esperad ¿dónde está Ricardo?, ¿dónde mi marido? Hija ¿dónde están todos? La habitación está vacía. Mi hija, mi hija estaba aquí. Las 9, no puede ser tan tarde. Entonces ¿ya se ha marchado? No recuerdo oír cerrarse la puerta. Quizá fue ayer. Pero ¿dónde está Ricardo?, ¿dónde mi hija?, ¿dónde la dentadura? Dios mío, las 9, me echarán del taller, debo marcharme, pero esta no es mi casa. No puede ser, yo no tengo una chimenea, ¿por qué no puedo vocalizar?, ¿qué, qué...? Mis... mis dientes.
Mi... mis recuerdos...
¿Quién es la del espejo? ¡Fuera de mi casa!
Y dónde, ¿dónde estoy yo?

martes, 8 de diciembre de 2009

He de reconocer que lo sabía.

Algunos seres humanos somos personas, y como personas no nso gusta que nos repitan lo que ya sabemos. Nos gusta hacer alarde de nuestros conocimientos, hacernos los interesantes, murmurar un "ya lo sabía"; pero nunca nos gusta que nos recuerden lo que ya sabemos, que lo hagan volver.


Y además de personas, somos idiotas.Pero intentar explicar eso es imposible y forma parte de mi propia idiotez.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Para explicarme.



   Podría empezar por el principio. Sería una buena idea, comenzar hablando de lo que por ti sentía, de la chispa en el estómago al verte; o podría pasar directamente a hablar de las cosas que esperaba encontrar en tu mirada y no aparecían, a las noches que buscaba calor en una cama vacía.
   Por suerte para mí, y mala para ti, éste no es el texto en el que te voy a relatar la verdad.
   Era invierno, frío, aburrido, dormido, un eterno domingo se sucedía y las casas grises no invitaban a sonreír por las mañanas. Las clases eran soporíferas, la gente sin sentido llevaba su vida por el mal camino. Yo no era distinta, pero yo me labré mi mal camino sola. Sin pala ni apisonadora, fui creando un sendero, encontrando piedras que entorpecieron mi camino, pero labrándolo sola.
   Así era la situación cuando te conocí. Cambió el invierno a la primavera, pero las casas siguieron grises y las clases sólo evolucionaron en más soporíferas. Los caminos de la gente nos iban apartando a todos. Marta por un lado, Ana por el otro, y así nos íbamos encerrando todas en nuestros mundos; con nuestro rincón en soledad, nuestro grupo de amigos y nuestros respectivos fantasmas del pasado para atormentarnos. Pero los míos no se parecían a los suyos, yo no tenía miedo a la oscuridad, o claustrofobia por haberme quedado encerrada en un ascensor; yo tenía miedo a aquellas arrugas que me convirtieran en ella...
   La abuela vivía a algo menos de 10 km de la ciudad, una vez me fui haciendo mayor, iba andando sola a visitarla. Llevaba su tiempo, pero merecía la pena perderse por aquellos caminos de la periferia; diría que tienen un encanto especial, las calles eran finas y hasta aquella humedad le daba un toque más perdido, a mí me gustaba sentirme perdida y, nada más ver aquella puerta azulada, saber que había vuelto a encontrarme.
  De mi rutina poco más se encontraba destacable, un café, dos tostadas y de vuelta a la calle. Caminar por una avenida para ir a clase, a las dos coger el mandil para trabajar en el bar de la esquina y servir café y tostadas a quien podía amanecer más tarde.
   En el tiempo libre solía volver a la calle, dar un vuelta, tomar a deshoras más café y tostadas, yo era la que no tenía hora de llegada... ni obligación de volver. De manera que apenas si veía a mi madre una vez al día, y si no estaba en chándal unas ojeras negras ensombrecían mi mirada, apenas un hola y un adiós hasta el día siguiente, o a la vuelta del fin de semana.
   A él apenas lo conocía, sé que pasaba por casa de vez en cuando, dejaba colillas en el cenicero y colonia en su cama. Alguna vez coincidimos desayunando, se interesó por mis estudios, mi trabajo, y mis piernas largas.
  Al otro lo visitaba de vez en cuando, siempre con flores,él se mantenía escuchando mi rutina, yo me sentaba en la hierba y leía mil veces el epitafio. Hacía esto cuando no tenía ganas de que me repitieran la historia, o las matemáticas, o, simple y llanamente, no tenía ganas de ser observada. Cuando cruzaba de vuelta las puertas de vuelta a casa, cambiaba mi camino hacia casa de la abuela, algunas veces también había flores para ella. Esta también se mantenía atenta a mis palabras, alimentaba su mente con vivencias que ya no tenía y, más tarde, me daba dinero como queriendo comprar mi vuelta, o pagar mis palabras.
   Entonces llegó el día en que ella no volvió a casa, desaparecieron las colillas y el olor a colonia, aparecieron las deudas del recibo de la luz y del agua. No dejó una nota, sólo un poco de dinero que se me fue en el autobús una mañana de lluvia. Al poco tiempo decidí que no necesitaba sesenta metros cuadrados para mi vida, treinta me llegaban en cuanto le sumábamos la inmensidad de la ciudad.
   Acabaron las clases, la lluvia y mi contrato. La calle se tornó de otro color y me mostró una nueva forma de vida. Tres noches a la semana no sólo el novio de mi madre se fijaba en mis piernas largas. Seis meses pasaron hasta que murió la abuela, me dejó su casa, sus recuerdos y diez kilómetros para la ciudad.
   De casa al parque lo conocí a él, me buscaba. Yo era delgada de piernas largas, todo lo que necesitaba para una exclusiva cada tres semanas. Nada me costó decir el “sí, quiero”, poco me importaron las fotos, los rumores y los cotilleos. Un ático de doscientos metros, una vida pagada y un “para siempre no te quiero”.
   Esa puede ser la historia, aunque no lo sea, tú créela, me ha costado mucho más que olvidarte en éste tiempo.




Después de una pausa, se retorna con más fuerza.



domingo, 25 de octubre de 2009

Nobody

Nadie, nadie se para a pensar nunca.
Si ahora yo le diera al stop. Hagamos un repaso, un resumen, una sinopsis de todo esto. Todo lo dicho y lo hecho, todos los participios que han estado presentes en nuestra relación.
He de decirte que hay muchas cosas que siento. Mi culpa o no, yo lo siento. Nunca he sabido por qué yo no te dije todo esto, por qué siempre he decidido echar a correr hacia donde nadie está.
Quizá sea todo aquello que aún me hace daño, me pide que en ese último instante eche a correr. Me grita "¡aléjate antes de que sea demasiado tarde!". Y yo te pido, aléjate tú antes, no quiero volver a echar a correr. Él me ordena, me miente, me embelesa, me convence para besarte y me pide que te abandone después. Hace que dude por las noches pero no puede nunca luchar contra tus palabras bonitas, contra todos esos recordatorios delicados de un "te quiero sólo a ti". Pero cuando ellos desaparecen y el vuelve... siento como me arropa, se acuesta a mi lado en la cama y me da un beso frío en los labios; hace que me invadan las dudas, me asalta, me asedia, me desnuda; y yo, yo pierdo toda mi fortaleza, tomo todas las decisiones incorrectas. Y tengo miedo, mucho miedo, miedo a sufrir.
Hagamos cámara rápida hacia atrás, veamos mi vida como una película desde el final. Atiende a los detalles que te he explicado, quizá lo consigas, quizá puedas entenderlo. Y entenderme a mí también. Quizá si eres tú quien me lo dice yo me lo crea. Dime tú por qué quiero besarte y no besarte, verte cada día y no volver a verte, que me quieras cuando yo no quiero quererte... o sí. Hay tantas cosas que querría poder explicarte, pero otra parte de mí me alerta, esa misma que está tan presente en estas tardes de domingo; puede que si te lo diga se haga real, un problema real y demasiados sentimientos demasiado reales...puede que yo sea demasiado débil, después de todo. No quiero fallar y fallarte, añadir otra etapa más negra a la película y seguir viendo como mi vida se dedica a hacer recompilaciones de la misma historia triste. Quiero algo, o no quiero nada.

viernes, 23 de octubre de 2009

Un cambio radiKal, para bien o para mal

Una situación, un momento, un "cata-púm". Algo que te haga pensar en mañana, que le dé alguna razón a que cada mañana descanse tu pelo en mi almohada. Un recuerdo, un sentimiento, malo o bueno. ALGO!

Dos personas quizá no sean suficientes.
Tres multitud,
sin duda!
Cuatro palabras, "te odio",
"te quiero" luego.
Cinco razones para cada uno,
cada uno de esos cinco que se suceden.
Seis pasos para marcharse
y el siete,
el que me lleve a despertarte.

Cada mañana pienso la misma cosa, no cosa, una idea, algo que llevar a cabo (sí, ALGO!). Todo tipo de pensamientos se arremolinas en mi mente a las 7 y media de la mañana (en realidad 7:40, a cada año más vaga, por supuesto, o quizá menos preocupada por mi aspecto).
Existen dos tipos de personas en el mundo: a las que te follarías, y a las que volverías a hacerlo, pequeña. Toda una sociedad de sentimientos vacíos, quién los quiere? Y en la estacada se queda quien los vende, quien aún cree en ese bonito ideal del amor. Y a quien quiera más, ahí te quedas, amigo; o te acostumbras o te buscas a quien te entienda. Pero quizá ya no haya quien te quiera.
Así que eso es lo que buscais todos, no? Decir que lo teneis todo, cuando no teneis nada; maquillar esa puñetera soledad que a todos nos vigila en lo oscuro de nuestra habitación. Salir a la calle y decir que eres feliz. Acaso no lo eres? Guapo... o guapa, listo... lista, ligas o no ligas? Siempre hay quien vende gratis besos en las esquinas. Ninguno será un regalo pero quizá el acohol haga que olvides pagar, qué más da! Mañana será otro día. Otro día que celebrar.

... Que celebrar que depués de tantos años sigues sin tener nada. Sigues sintiéndote tan sola como en aquellos 15 años. Que ni buscas ni encuentras; que a los últimos que creían en el amor los dejaste allí, en la estacada. Porque tú no buscas creencia, tú buscas DIVERSIÓN, romper espejos por belleza y disfrutar de otros 7 encantadores años con tu racha de MALA SUERTE, 7 años más sola. SOLA y sin SENTIR....


...Y lo peor, es que por mucho que lo pienso sigo encontrándole demasiados PROS a esta actitud. Lo peor de mí es que sin duda, nunca me arrepiento.




Ya ves, el mejor de los pecados siempre fue el haberte conocido.







P.D: Lo sé, yo antes, NO era así.


domingo, 18 de octubre de 2009

Domingos

Muchas veces parece que los días cambian según nuestro “contexto” interior. Hoy llueve, hoy hace frío... pero quizá unos días la lluvia no es tan amarga, y otros el sol no alumbra tanto. Días grises, días de “color de rosa”, días y días que se suceden uno tras otro, después de todo.

Algunas veces el cambio de estación no tiene que ver con la forma de llegar de los rayos del sol a la Tierra, ni todo tipo de términos científicos que puedan aparecer en los libros de texto; si no que, por causas desconocidas (o conocidos y conocidas con nombre y apellidos) pueden hacer de un terrible lunes lluvioso un atractivo nuevo día del que ni el jo... robado despertador pueda amargarte. Otros te transforman, quizá una acción, unas mínimas palabras. El “no me ha hecho daño” de siempre cuando el inconsciente de tu subconsciente te repite que entres en razón.


Pero obstinados siempre, humanos siempre, seremos los últimos aceptarlo e intentar arreglarlo.Siempre me he imaginado cada semana como un año, con sus estaciones, sus cambios; pero esta parece una comparación muy típica, prefiero compararla con el patio de mi casa, que sí, es particular. Cada día de la semana voy barriendo todas las hojas y desperdicios varios que ahí se acumulan, barriendo y barriendo transcurre la semana y cada noche acumulo más “residuos”, por así decirlo.
Entonces, llega el domingo, o esa noche del sábado al domingo; en esa noche, cojo mi recogedor interior e intento poner en él toda esa “mierda”, pero al despertar hay una pequeña fila de residuos, que el viento volverá a esparcir para darme qué pensar en uno de esos malditos domingos. Esos malditos domingos invernales aunque el termómetro pueda marcar 40º, y aunque haya domingos distintos todos comparten esos estándares y nadie ¡nadie los cambiará! Porque el domingo te llevará a cada uno de esos terribles lunes que tanto odia Garfield (una actitud comprensible, sin duda) pero quizá ese lunes no sea tan terrible, puede que salga un sol tímido entre las hipotéticas nubes negras y te mire en forma de “conocido”, o “buena nota”, o “profesor enfermo” o simplemente sea una alegría muy tonta fruto de las drogas blandas consumidas un sábado noche.

jueves, 15 de octubre de 2009

Ahogamiento, gilipollas

Soy como un terrón de azúcar, sabes? Ahora me ahogo, en un vaso de agua, o mejor, un café, de esos que siempre me estoy tomando, uno igual a ese. siento como me hundo, poco a poco, y no sé la razón, no le entiendo, y me hundo en el café como un puto terrón de azúcar. Tus palabras que antes me reconfortaban son una cuchara que me obliga a hundirme más, y más, y más... ¿por qué lo haces? ¿de dónde sale? ¿de dónde, coño, sale? Y me hundes más, y más, y más... y yo no entiendo nada, NADA. Cuál es tu juego, que clase de peón soy yo en todo esto y por qué jodida razón no hago nada para evitarlo; por qué soy una excepción contigo, todo es racional, todo es claro entre mi mente y mi cuerpo. Pero vienes tú, PUUUUUUUUUM! Todo se desequilibra, se siembra el caos, aparecen las jodidas excusas con las que intento convencerme de la primera mierda que a cada día se vuelve menos creíble. ¿Y sabes qué? Me convenzo, eso es lo más triste, me creo las propias mentiras que yo me intento y me aferro a ellas igual que el terrón de azúcar a la cuchara, así soy yo, aferrándome a ti, como una bendita gilipollas. Y una gilipollas un tanto más gilipollas, porque me atrevo a dar un paso más ¡sí! y decir recordarme a mí misma que la culpa la tiene...


... esa mirada tan bonita tuya, y las contadas palabras con sentimiento que dices al aire y yo escucho aunque no vayan dirigidas a mí, y esa mueca, adoro tus jodidas muecas.

lunes, 12 de octubre de 2009

Nothing


Sé que si abro la boca se irán todas las palabras que quiero decirte, que si levanto la vista y te miro olvidaré todos los reproches; sé que el momento en que me acerque a ti mis ganas de besarte serán directamente proprocionales a las tuyas, y ambas inversas a la distancia entre nuestros cuerpos.
Y por qué lo hacía, por qué no me apartaba a sabiendas de lo que venía después. Sencillo, muy sencillo, incontrolado y sencillo. Dejarse llevar por los sentimientos que prefieres no conocer, siempre ha sido más sencillo.



miércoles, 9 de septiembre de 2009

Oh, Cleopatra.



Había días en los que hasta la abrazaba. Un movimiento brusco; la tomaba por los hombros, la hundía contra su pecho. Eran dos simples pasos. El gesto duraba apenas lo suficiente para ser captado. Al instante la apartaba, volvía a su sitio. El mundo volvía a su sitio también.
Arrebatos como este se sucedían día tras día, siempre bruscos y sin explicación alguna. Cierto día, cuando Lilith bajaba las escaleras se produjo el más fuerte. Su culo se balanceaba suavemente al bajar, muy suavemente. Lo recordaba a la perfección. Izquierda, derecha, izquierda, derecha. Los músculos de las piernas se marcaban acompañando dicho movimiento, se ceñía el pantalón a su trasero y este continuaba balanceándose. Izquierda, derecha, izquierda, derecha. su pelo ondeaba... la empujó. Ambas manos abiertas contra sus omóplatos. un golpe seco, habría podido desatragantar a cualquier torpe comensal. Lilith rodó escaleras abajo. Quedó tendida en el rellano. Articulaciones en ágnulos extraños. Pensó en los egipcios, Cleopatra y sus extraños bailes. Se acuclilló junto a ella y con el bolígrafo de su bolsillo alargó la línea de sus ojos. Oh, Cleopatra. Aquella nueva perspectiva lo excitaba de sobremanera. Comenzó a desnudarla, dibujando nuevos jeroglíficos por todo su cuerpo. trazó su silueta con tiza en el gastado parquet. Amó aquellos fríos labios morados y lamió el lóbulo de su oreja. Jugó a acariciarla, a desearla como Cleopatra. Pero Cleopatra era una reina del cálido desierto y Lilith estaba muy fría.


Ojalá algo hubiera sido distinto.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Caótico mundo en este jodido firmamento



¿Sabes? Pareces delicada como una muñeca de porcelana. Suave, pálida. Esos labios rosados, inexpresivos, tan cerca... Hay noches en las que sólo sueño con desgarrarte esa piel, arrancarla a tiras y acariciar con mi lengua tus heridas. Sentir tu sangre tibia contra mi lengua, mi saliva ácida mezclarse con el óxido. Acariciar con mis uñas tu espalda hasta desgarrarte, quiero tu piel blanca en mis uñas, tus ojos asustadizos quiero que continúen mirando. Vamos, mírame ¿acaso soy un monstruo? Déjame tomar tu garganta. No, no, no cierres los ojos, amor, quiero que me veas. Vamos, mírame. Puedo oir tu sangre martilleando desde aquí, demasiado rápido, parece que quiere salir. ¿No crees? Abriré la puerta entonces, no hace falta que me lo agradezcas, cariño. No, no me agarres, tus manos... ah, tus manos. Tus delicados dedos, a qué esperas, ¿por qué no disfrutar tanto como yo? A qué esperas para tocarte, pequeña. Puedo hacerlo yo si lo deseas, tú sólo sigue así de quieta. Dame tu mano, rápido. Esas uñas serán estupendas ¿no crees? Vamos ¿a qué esperas?. Déjame quebrar tus costillas y lamer tus pulmones, encontraré ahí todo el oxígeno que no hay en este jodido firmamento. Tú sólo déjame poder quebrar tus venas con mis dientes. Quiero todas y cada una de esas pestañas, y las tomaré, son mías. Eres mía. ¿A qué esperas para entregarte?

Mío, no tuyo, no suyo, sólo mío. Es claro, es sencillo. Por qué te cuesta tanto entenderlo. Te daré tiempo, te daré los segundos antes de que tu inútil corazón deje de latir.




Aparece.

viernes, 28 de agosto de 2009

Butterfly Effect



-Y por último dime. ¿Nunca has sentido ganas de cometer un acto de gran repercusión? No dejará a nadie indiferente. Sentirás las dulces cosquillas del odio y el rencor tras tus orejas. Miradas fulminantes en tu nuca cuándo caminas por la calle... y tal satisfacción, mayor es el placer de lo prohibido. Si tanto te importaba podrías haberlo dicho ¿no crees? Púdrete dulcemente en mi olvido.



Efectos a gran escala.

martes, 25 de agosto de 2009

-Es el dulce desequilibrio lo que me mueve, de un lado a otro, más tarde doy vueltas, como un tiovivo, cada vez más rápido, más rápido... mil imágenes se funden en un torbellino lleno de color, pero mis ojos se cierran y el caos abita ahora en mi interior. Y da vueltas, y vueltas... mi mente comienza a sentir un sopor entonces, mi cuerpo deja de ser fácilmente manejable, moverse requiere un gran esfuerzo, y ese esfuerzo una vez hecho, elimina toda sensación anterior.