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domingo, 17 de octubre de 2010

El baile.

  
Descubrió que para mantener la relación debía llevar a cabo muchos cambios. Había que bailar a su mismo ritmo, guiándose por sus expresiones, cada una de sus palabras. Así pues, había de alejarse en el momento en que percibía aquella fría cordialidad, acompañado por el mismo movimiento por parte de ella. A la llegada de una palabra hiriente, girar sobre sí mismo y mirar a otro lado. Tomarla de la mano cada tres pasos, recordando su presencia. Acercarse por un instante, agarrando su cuerpo, impulsivo, apasionado. Regresar tan rápido como un pestañeo para que aquello dejase solo un recuerdo breve e intenso. Al final de cada baile, cuando ella bajase rendida la mirada, caminar despacio y abrazarla, besarla. Demostrarle que esa soledad únicamente existe en su mente. Un beso en la frente y esperar, quizá, una respuesta mayor por su parte. Ninguna palabra, ninguna caricia. Nada más.

lunes, 4 de octubre de 2010

Ritorno.

Soy un cuerpo perdido en mi inconsciencia, en un mundo desangelado, caótico de miradas de reojo al caminar. Enamorada de la romántica idea de la falta, buscando un algo en la nada. Él es un ente abstracto proyectado únicamente en el fondo de mis retinas. Miento si digo que jamás  he confundido la realidad con mi ficción. En ocasiones, he creído encontrar el sucedáneo, el perfecto modelo para mi ensoñación. Lo matizo a gusto y le doy forma.. Estando en mi terreno, he absorbido pensamientos, maquillando aquellos que no me interesaban; cayendo lentamente en el pozo de lo absurdo, recelosa de mirar la superficie. De la historia siempre se ha repetido el final, ese en el que la realidad supera la ficción. Esta me invita a huír pavorosa. Ella nunca desiste, lo intenta por todos los medios, hasta que se convierte en la palabra que llega a mis oído, poniendo nombre a todos mis demonios.

domingo, 4 de abril de 2010

Sencilla estupidez.

No quiero. No quiero. No quiero. No quiero. No quiero. No quiero. Tan sólo no quiero, me niego.
Me niego a que todo se quede aquí. Me niego a que niegues las cosas, o que las dejes volar, simplemente. Soy capaz de cortar sus alas, no las tuyas. Pero dime que el camino ha servido para algo. No quiero simples pasos, no queiro vagar. Necesito una dirección, la dirección.

Me niego a creer que todo este tiempo no ha sido más que eso, que las lágrimas derramadas fueron todas en vano. O que no existieron. Ya no sé qué pertenece a mi mente o a la absenta, y me da igual. Trastocada o no, la base de esta jodida realidad es la misma. Para ti y para mí. Y no la vas a camuflar otra vez. No vale, es trampa, maquillarla o girar la cara. Ahora te rodea, te rodeo, y ya no tienes por donde salir. Es cínico. Perverso. He ido tejiendo las redes de mis macabros pensamientos a tu alrededor y yo misma sé mejor que tú lo que sientes. O no. Me da igual. La absenta me lo dirá, pero después.

Puedo trastocar la realidad a mi antojo y verlo todo de color de rosa. En un momento. Un puto instante me basta. Pero he de pararme a pensar... o quizá no. Luego lo pienso. O no, mejor no pienso nada. Ya me he dado cuenta de que mi mente trastornada y trastocadora de realidades es el peor de mis enemigos;  el tuyo, y el del móvil, y el del infinity, y el del alcohol, y el de los comas etílicos. Ya lo pensaré luego, mañana, pasado, o en mi lecho de muerte.

Puedo elegir entre el sí o el no y crear una nueva telaraña a mi alrededor, apartarme y girar la cara, como hiciste tú. Mi problema es la realidad, por suerte o por desgracia. No sé si soy capaz de actuar conociendo cual fue tu final. Pero tampoco sé si me veo capaz de alzar la vista y arriesgarme a ver como lo vuelves a hacer. Se acerca ese interesante final. Perdona, finales, tenemos varios cada uno. La película se acaba, el marcador llegó ya casi al final de la pantalla, quitando los créditos, no debe quedar nada. ¿Dos días? Puede ser. Observemos nuestro aprendizaje, o nuestra sencilla estupidez.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Sinxeleza.


Sinxeleza. Todo é sinxeleza.
Hai tempo pensaba que o que necesitába limitábase a unha presenza gratificante, a conversas tribales e mirar o ceo sen preocuparse de se te están a mirar a ti.
Levanto a vista cara o ceo, agora, soa, e pregúntome, ¿por que?
Non son quen de pronunciar as palabras que quero dicirche. Pode ser o medo ou a marcha das ganas de loitar. Todo é moito máis difíciles agora que xa non sei que escondes, ou ben se todo o escondido deixoume olvidada nun caixón. Un caixón que pode estar perdido nunha das salas, detrás dunha das portas, lonxe, moi lonxe xa do teu corazón. É todo depresión, hastío, falta... quizais sexa só un día no que a miña cabeza non está para pensar outra cousa. Mais pode tamén ter a súa base.
Non quero que a teña.
Crín que quería encontrar a naturalidade na sinxeleza, todo é sinxeleza. Pero a miña mente non é así. Un universo perdido, unhas escaleiras cheas de po, brazos, mans, sentidos, tacto, gusto... e os teus beizos ao fondo, e sen esquecelos aínda. Querendo relevalos ao olvido enterreinos máis profundo do que quería, no lugar menos indicado. “A coller a pa a desenterralos, bótaos fóra xa para sempre” decíanme algúns... ilusos, eu non quero iso.
E, ¿por que? Iso é o que máis me pregunto. Que fixeches ti que non fixera eu. E por que se os teus erros non os pagaches co olvido, por que ten que pasarme a min. Se nin sequeira o sei, non teño idea de nada. Quedeime no limbo cando intentei fuxir do futuro, rechazalo, coller o bus outra vez o pasado. E fuxindo do presente quedei aquí, sen idea de nada, só sinxeleza.
Agora a escaleira de miña mente é cristalina, clara, non hai pó... e vénse aínda máis claros os teus beizos ao fondo. Coma na gran pantaia proxéctanse imaxes en todas as esquiñas, recordos, e máis recordos. E eu aínda véxoos con agarimo, sorpréndome a min mesma coa sonrisa de parva e un suspiro de quinceañeira enamorada.
Quizais son iso, así de sinxelo.
Sinxeleza.

sábado, 20 de febrero de 2010

Poemas de andar por casa.

E eu,
eu tamén te quero.
E non foi sinxelo
afacerse.

Seguir as normas do teu caracter,
e do meu.
Coñecerte e darme conta da existenza do descoñecido,
dentro de ti, moi dentro
do coñecido.

E non bastan unha, 
ou dúas linguas,
unha ou dúas palabras.
Sobra a voz, os sons articulados
e os labios.

E a escuridade fará máis forte
a túa presenza.
Coas miñas mans poderei entón tocarte,
dicirte todo o non escrito,
sen palabras,
e, por que negalo?
amarte.



Poesía en chándal. Castelanismos, tan lonxe e tan cerca á vez.

martes, 16 de febrero de 2010

Memorias de cara de serpiente.

   Observó las tenues lámparas, el café, el cigarrillo a medio consumir sobre el cenicero, el mechero, su propio pelo resbalando por su pecho. La carta, la mesa, el techo rojo (o granate), las mesas, sus piernas bajo sus brazos.
   Miró atrás, vio la mesa, la pantalla del ordenador, la gitarra a sus espaldas, y el pelo otra vez sobre su pecho (o recogido, no lograba recordarlo). Sus propias manos sobre el teclado, los anillos, y las lágrimas deslizándose por su rostro.
   Recordó como las enjugaba y rezaba para que no vinieran más. El desconsuelo al principio...


   ... y la paz ahora. Volvió a l presente, al bar, a las lámparas tenues, a las mesas, a sus manos sobre el papel.
   Intentó echar un ojo al futuro, sólo un vistazo, intentar ver lo que estaba por llegar. Agitó la cabeza, el pelo. No, no, y no. El presente era cercano, miles de cuadros la observaban desde la pared. Sonrió devolviéndoles la mirada. Estaba allí, y estaría bien. Daban igual los cambios, todo tenía la misma base, el pelo seguía igual. Recogido o suelto. Las manos eran las mismas, con o sin anillos. El techo rojo (o granate), el cielo, la oscuridad. Daba igual.
   Cambiaba el lugar, el escenario, pero era la misma función. Morder el parquet o el asfalto, era lo mismo, había que levantarse después.
Ahora el cigarrillo no era más que ceniza, el café descansaba vacío. Pero su pelo, sus manos, sus piernas, ella. Ella era la misma. Con los recuerdos de aquellas lágrimas como una nueva lección para aprender. Se sonrió a sí misma esta vez, con la cabeza baja, levantó la vista y escribió el último punto, final.

viernes, 12 de febrero de 2010

Noche

Siento que todos estos pensamientos desdibujados pretenden crear el ambiente de una traición. Ni siquiera los controlo, no los conozco, no llego a sentirlos. Puedo ver su sombra cuando vago por las calles de mi mente, desaparece en cada esquina en el mismo momento en que la percibo, y cuando más oscura es la noche, más tiempo me dirige la mirada, por unos segundos, me mira a los ojos... y pretende decirme una verdad, la verdad.
Y yo cada noche espero huir de ella, me echo atrás. Intento bajar la mirada, negar, huir, escapar, correr, lejos, muy lejos. Pero parece que ha llegado el momento en el que no hay más salida que la que no exige dar marcha atrás. Esa que exige valor, y no echarse a correr como la gilipollas del pasado. Esa verdad no tiene que asustarte, no tiene que cambiar mis ideas, sólo debo saberla, aceptarla.


Y ya lo he hecho.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Help.



Corrió hacia el teléfono descolgándolo de un manotazo, lo cogió en el aire antes de que llegara a tocar el suelo, sin apenas mirar los botones tecleó el primer número que le vino a la cabeza. No esperó a oír contesta, sus labios murmuraban rápidamente palabras prácticamente ininteligibles.
-Ayúdame, ayúdame, por favor. Siento un fuerte dolor, no sé lo que es, he probado todo y no se calma... creo que está dentro, dentro de mí. Tengo miedo, mucho miedo, por favor, ayúdame...-pero las últimas palabras se fundieron en un grito ahogado al oír la línea comunicando al otro lado.
Sola, se había quedado sola. No existía otro dolor que el de la soledad, la culpabilidad...
… y no había más ganas que morir agarrada a aquella postal.
Pensó en ponerse guapa, maquillarse. Se dio cuenta de que una vez la encontrara la policía no sería más que una víctima más.
Pensó tomar pastillas, para mantener su cuerpo intacto. Se dio cuenta de que prefería el dolor que le hiciera pagar su culpabilidad.
Y pensó en recapacitar, en no hacerlo... ¿pero por quién? Se vio sola y se cortó las venas junto a la pared.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Incómoda.

Entramos en la tienda, respetando la distancia de seguridad, por supuesto, cada uno asegurándose de que nuestras manos no entraran en contacto. Me acerqué casi de un salto a las bandas de guitarra, tocándolas para tener ocupadas las manos; comencé a hacer comentarios absurdos, intentando romper el silencio, sentía la incomodidad en el ambiente, la tensión.
-¿Has visto esta? Militar, hum... me encanta, muy heavy ¿no crees? - exclamé a trompicones. Agarré otra- ¡Dios! ¡Terciopelo rosa! En serio, lo amo - levanté la banda como un trofeo- soy una verdadera hortera - solté una risotada y sonreí al dependiente.
Me escurrí entonces entre las filas de guitarras y bajos, sintiendo la sombra de su presencia en la espalda. Escalofríos inexistentes imaginaba recorriendo mi espalda. Seguí hablando, intentando espantar así al tensión del ambiente.
-Adoro las Jackson, son geniales, tienen un... - me quedé en blanco y lo miré forzando una sonrisa- ¡un tacto estupendo!
-¡Sí! Pero... ya sabes, las pastillas son... una bazofia, una verdadera bazofia- pasó la mano por una de las guitarras que colgaban- aunque bueno, se pueden cambiar y punto- sentenció.
- Sí, se pueden cambiar, sin duda...- callé dándome cuenta de lo estúpido de la situación- lo demás lo compensa, ya sabes.
Pasé la mano por la guitarra más cercana a mí, nada más sentir su mirada en la nuca pegué un saltito y seguí con mi apurado camino entre las filas de instrumentos. Algo en mi interior me hacía hablar, decir cosas sin sentido, miraba hacia todas partes, buscando cualquier inspiración para mis palabras.
- Las Gibson en cambio no me gusta - hice una mueca mirando las estanterías más grandes de guitarras de curvas suaves- a mí en que me gustaba era Slash, séeeh...- anuncié con voz de camionero salido- tenía un puntazo. Ya sabes, bolsa en la cabeza...- reí de mi intento de chiste.
- Yo hubiera preferido las drogas directamente- continuó bromeando, pude imaginarlo encogiéndose de hombros al tiempo que miraba al techo.
Noté su cuerpo muy cerca, unas ínfimas descargas eléctricas discurrían por mi médula, un nuevo arrebato me hizo girarme hacia él mostrando la mejor de mis forzadas sonrisas.
- Voy a preguntar cuánto vale el ampli, que me entretengo- eché a andar hacia el dependiente huyendo de lo que atrás me esperaba, mas estaba segura de que venía a mis espaldas. Su voz me corroboró.
- Sí... yo voy a preguntar cuanto vale aquella de allí- apareció en mi cabeza su gesto, señalando con la cabeza aquella guitarra, él sabía el precio, era todo soberanamente ridículo.
Una vez contestadas las dos preguntas, ambos nos miramos con cara de póquer. Me daba ganas de huir lejos, fingí la mejor de mis sonrisas y mientras yo desviaba la mriada hacia la puerta vi por el rabillo del ojo como preparaba su boca para decir algo.
- ¡Vamos a tomar algo! - solté al instante- prometo llevarte al sitio del que te hablé, hoy estará abierto, lo juro, jajaja- me dirigí hacia la salida.
- Sí, jaja, ya va siendo hora, eh- contestó casi superando mis intentos de falsa comodidad.
Caminamos muy rápido, en nuestra pequeña maratón particular, cada uno parecía querer adelantar al otro, pero en el momento en que nos situábamos a la par uno de los dos lo evitaba, acelerando o frenando, dejando nuevamente aquella distacia de seguridad que jamás había existido antes. Calle a la izquierda, calle a la derecha llegamos a la puerta de nuestro destino, aceleré el paso para poderla cruzar antes y no tener que soportar su mirada a mis ojos nuevamente; me colé dentro setándome en la mesa más iluminada, cerca de los altavoces, cerca de la tv, cualquier cosa que sirviera para romper el ambiente.
- Oye... - susurró en el momento en que acababa de sentarse en la silla a mi lado, al momento tomé la carta abriendola ante mis narices.
- El batido de capuccino está genial - reí -pero no sé si es lo que quiero hoy...
- Lil...- susurró mirándome.
- ¡El de vainilla, el de vainilla es estupendo! Una sensación orgásmica en el paladar...- susurré riendo incómodamente pero todo fue ahogado en el momento en que lo miré a los ojos. Bajé la mirada avergonzada de todas aquellas frases estúpidas impidiendo sus palabras.
Sentí su mano en el mentón, levantándome la cara con suavidad, sus labios abrazaron los míos. Tuve que hacer aquel gran esfuerzo otra vez, desechar de mi mente aquel pensamiento de que éramos dos piezas de un puzzle, encajábamos, nuestros labios encajaban... mis dedos lo empujaron con suavidad, sólo un roce débil, suficiente para hacerlo marchar.
- Lo siento... - susurré- no.

sábado, 31 de octubre de 2009

Como antes




Ya no atiendo a tus posibles palabras, a tus ridículos sentimientos. Yo lo sé, qué más dará el resto. Te apartaré de mis pensamientos, no volveré a posar en ti la mirada, serás uno más y yo la de siempre. No habrá más paranoyas, sólo las conversaciones desenfadadas de antes, ningún no puedo contarlo; todo claro, todo cristalino, como antaño. Volveré a pensar en otros de distinta forma, y en ti como en los demás, y ni una caricia, ni una mirada, ni un beso se me escapará.






Take this love, take this life...

domingo, 25 de octubre de 2009

Nobody

Nadie, nadie se para a pensar nunca.
Si ahora yo le diera al stop. Hagamos un repaso, un resumen, una sinopsis de todo esto. Todo lo dicho y lo hecho, todos los participios que han estado presentes en nuestra relación.
He de decirte que hay muchas cosas que siento. Mi culpa o no, yo lo siento. Nunca he sabido por qué yo no te dije todo esto, por qué siempre he decidido echar a correr hacia donde nadie está.
Quizá sea todo aquello que aún me hace daño, me pide que en ese último instante eche a correr. Me grita "¡aléjate antes de que sea demasiado tarde!". Y yo te pido, aléjate tú antes, no quiero volver a echar a correr. Él me ordena, me miente, me embelesa, me convence para besarte y me pide que te abandone después. Hace que dude por las noches pero no puede nunca luchar contra tus palabras bonitas, contra todos esos recordatorios delicados de un "te quiero sólo a ti". Pero cuando ellos desaparecen y el vuelve... siento como me arropa, se acuesta a mi lado en la cama y me da un beso frío en los labios; hace que me invadan las dudas, me asalta, me asedia, me desnuda; y yo, yo pierdo toda mi fortaleza, tomo todas las decisiones incorrectas. Y tengo miedo, mucho miedo, miedo a sufrir.
Hagamos cámara rápida hacia atrás, veamos mi vida como una película desde el final. Atiende a los detalles que te he explicado, quizá lo consigas, quizá puedas entenderlo. Y entenderme a mí también. Quizá si eres tú quien me lo dice yo me lo crea. Dime tú por qué quiero besarte y no besarte, verte cada día y no volver a verte, que me quieras cuando yo no quiero quererte... o sí. Hay tantas cosas que querría poder explicarte, pero otra parte de mí me alerta, esa misma que está tan presente en estas tardes de domingo; puede que si te lo diga se haga real, un problema real y demasiados sentimientos demasiado reales...puede que yo sea demasiado débil, después de todo. No quiero fallar y fallarte, añadir otra etapa más negra a la película y seguir viendo como mi vida se dedica a hacer recompilaciones de la misma historia triste. Quiero algo, o no quiero nada.

jueves, 15 de octubre de 2009

Ahogamiento, gilipollas

Soy como un terrón de azúcar, sabes? Ahora me ahogo, en un vaso de agua, o mejor, un café, de esos que siempre me estoy tomando, uno igual a ese. siento como me hundo, poco a poco, y no sé la razón, no le entiendo, y me hundo en el café como un puto terrón de azúcar. Tus palabras que antes me reconfortaban son una cuchara que me obliga a hundirme más, y más, y más... ¿por qué lo haces? ¿de dónde sale? ¿de dónde, coño, sale? Y me hundes más, y más, y más... y yo no entiendo nada, NADA. Cuál es tu juego, que clase de peón soy yo en todo esto y por qué jodida razón no hago nada para evitarlo; por qué soy una excepción contigo, todo es racional, todo es claro entre mi mente y mi cuerpo. Pero vienes tú, PUUUUUUUUUM! Todo se desequilibra, se siembra el caos, aparecen las jodidas excusas con las que intento convencerme de la primera mierda que a cada día se vuelve menos creíble. ¿Y sabes qué? Me convenzo, eso es lo más triste, me creo las propias mentiras que yo me intento y me aferro a ellas igual que el terrón de azúcar a la cuchara, así soy yo, aferrándome a ti, como una bendita gilipollas. Y una gilipollas un tanto más gilipollas, porque me atrevo a dar un paso más ¡sí! y decir recordarme a mí misma que la culpa la tiene...


... esa mirada tan bonita tuya, y las contadas palabras con sentimiento que dices al aire y yo escucho aunque no vayan dirigidas a mí, y esa mueca, adoro tus jodidas muecas.

lunes, 5 de octubre de 2009

Lunes

Lunes ¿qué mejor descripción de un lunes que esa que viene enmarcada por una lluvia torrencial y un "todo sale al revés"? Volver a atravesar la misma puerta, para encontrarse las paredes más sucias, los techos más bajos, darse cuenta de que aquello que en un principio había sido un santuario ha perdido todo respeto en tu interior. Ver subir y bajar las caras de siempre, las caras nuevas de quien se cree arrasando en la inmunda sociedad que ahí se junta. Y mirarlos con todo el desprecio, sintiendo como se refleja un rictus de asco en tus labios apretados. Sintiendo también tu alma esparcirse por las escaleras que vas subiendo con desgana, arrastrarte hasta una mesa y prepararte para otro día más; y quizá esperar algo, sólo algo que lo haga todo distinto.

La cabeza me da vueltas y sigo sin saber en qué punto de mi mente se detiene, en cuál se fija más, qué es lo que le importa y qué es lo que quiere ahora mismo. Ese rencor, ese asco, están ahí todo el tiempo, ya no desaparecen. Sólo quiero dejar atrás todo eso que me une con el sufrimiento, quiero ser libre, de todo. YA!

viernes, 28 de agosto de 2009

Butterfly Effect



-Y por último dime. ¿Nunca has sentido ganas de cometer un acto de gran repercusión? No dejará a nadie indiferente. Sentirás las dulces cosquillas del odio y el rencor tras tus orejas. Miradas fulminantes en tu nuca cuándo caminas por la calle... y tal satisfacción, mayor es el placer de lo prohibido. Si tanto te importaba podrías haberlo dicho ¿no crees? Púdrete dulcemente en mi olvido.



Efectos a gran escala.

lunes, 24 de agosto de 2009

Dolor, dolor, dolor, dolor

Dolor, dolor, dolor y dolor el que martilleaba su sien desde que todo aquello había pasado. Un torrente de penasmientos amenazaba con desbordar al tiempo que recorría la distancia del ascensor a la habitación. En breves, todo aquel mar se embravecería para que luego su mente lo drenara finalmente. Aquello acabaría, para bien o para mal, no más dudas, no más sentimientos, quizá.
Tragando saliva, empujó la puerta, con temor observó a la figura postrada en la cama. Había cerrado los ojos al entrar ella, fingiendo sopor, sueño; sintió hervir su sangre, otra vez más. Lo miró fijamente, más allá de aquellos párpados y aquella respiración fingida acompasada él trataba de huir de sus palabras, de aquellas palabras que decantarían por fin la balanza.
-Abre los ojos- susurró con voz vacía, intentando mostrar una cara de póquer, neutral, mas el disgusto y la tristeza ya eran demasiado difíciles de maquillar.
Casi al instante el bulto bajo las sábanas blancas se enderezó, asumiendo la derrota. Al momento un joven de pelo alborotado y mirada vacía se hallaba sentado en la dura cama de la clínica. Su aspecto, totalmente demacrado, le hacía envejecer demasiado a los ojos de los demás. Aquella mirada carente de sentimiento reposaba ahora en ella, en su cara se reflejó una pequeña sonrisa torcida, lejos de expresar nada a la receptora que aceptó por fin que la tormenta total se acababa de desatar.
-Yo...- dijo suavemente paseando ahora su mirada por los azulejos de la habitación- creí que eras otra persona, ya sabes... estoy cansado y no me apetecía hablar con nadie- mintió rezando porque sirviera de algo, la miró con inocencia entonces, para comprobar que no había tenido resultado.
Ella cerró los ojos, apretando los labios, reteniendo las lágrimas que habían hecho aflorar aquellas palabras. Las de siempre, esas excusas, más tarde los vagos intentos de haerle ver que ella "era diferente". Abrió aquellos grandes ojos negros y lo miró con seriedad.
-Ya no quiero saber si es lo que tú deseas en este momento o no- el nudo en su garganta pareció aflojarse- he pasado días y días preguntándome por qué me he tenido que enterar por mi mejor amiga de que estás en el hospital. Intentaba excusarte ¿sabes? - paró al sentir su voz rompiéndose, pero el nudo de su garganta se aflojaba, la tensión, todo aquel peso sobre su espalda parecía desaparecer al ritmo de cada palabra- "Se sentirá mal", "no querrá tener a más gente en la habitación", "él siempre ha sido así"... Pero no, desde que todo esto empezó esa ha sido mi morfina, excusas poco creíbles para anestesiar todo el dolor...- su cuerpo comenzó a temblar, hundió la cara entre sus manos, luchando por no llorar en su presencia. Una vez perdida la batalla se sentó en la cama cuidándose de darle la espalda. Él hizo un amago de acercarse a abrazarla, pero jamás habría estado tan ciego como para darse cuenta de que no era un buen momento, de que su tacto no era lo que quería ahora, sólo una explicación certera, sólo la verdad. Se mordió el labio inferior mirando por la ventana las nubes grises.
-Sabes que para mí todo esto es difícil... siempre te lo he dicho, yo...- nuevamente su voz estaba lejos de expresar algo, únicamente eran palabras escogidas al azar, pero como siempre, meras excusas como las que su mente redactaba.- Te dije que esto sería difícil.
Alzó la cabeza entre sus manos, el cabello ligeramente despeinado, los ojos rojos y la cara demacrada surcada por gruesas lágrimas. Unos dientes blancos apretados y una mirada qué preguntaba únicamente por qué. Pero no lo miró, sentía que si lo miraba sentiría nuevamente aquella compasión y jamás acabaría aquello, había decidido zanjar y se juró que lo haría. Entre dientes comenzó otra vez, tambaleándose ligeramente al borde de la cama, y resistiendo con desesperación la tentación de tirarse de los mechones de cabello, deseando que el dolor físico calmara por fin aquella ansiedad que la acompañaba en todo momento.
-Siempre, siempre he sabido que todo esto sería difícil. Día tras día lo di todo para hacerte sentir bien. Siempre intentando mostrarte mi presencia si ahogarte, mostrarte y demostrarte que lo que siento por ti es lo suficiente fuerte para no renunciar- él abrió la boca, quizá para decir que sabía todo aquello , pero un gesto rápido le indicó que esperara al final. Si paraba ahora, seguramente no reuniría las fuerzas para volver a empezar.- Antes de comenzar con todo esto. Me esforcé en no esperar nada por tu parte, resistir el golpe si esto salía mal. - Suspiró.- Ha pasado un año. Despertándome con la esperanza de que sería ese día en el que me dijeras algo, me apretaras la mano cuándo vieras mis fuerzas flaquear, un "me importas", un simple agradecimiento... algo. Nunca, nunca he esperado un "te quiero". Conozco toda tu historia, he comprendido tu dolor desde el principio, he luchado por verte mejorar. Pero quizá he fallado ¿no crees?- rio amargamente- al fin y al cabo, en el fondo, siempre he esperado que acabaras por quererme lo más mínimo, no sé como he podido ser tan idiota- agitó lentamente la cabeza de un lado al otro, negando.
-No, no, espera, escúchame- la voz del chico sonó más alta, más pasional que la vez anterior, pero nuevamente mus lejos de cualquier sentimiento. El nuevo halo de frialdad pisoteó cien veces su alma y avivó el viento de la tempestad, cada vez más cerca de terminar, y volvería la calma, la tranquilidad. Quizá en el fondo muy hondo del mar, pero de aguas calmadas, no más olas que intentaran ahogarla.- Yo... claro que agradezco todo lo que has hecho, claro que...- su voz se apagó por un instante- claro que aprecio todo eso, pero aún necesito tiemp...
-¿Tiempo?- lo interrumpió con voz amarga, escupiendo toda aquel mal que abitaba ahora en su interior- prometí darte todo el tiempo - se mordió el labio con rabia, rasgandom la piel, comenzó a sentir una sangre tibia aflorar, pero no sintió más dolor, se levantó y caminó hacia la ventana. La luz de aquel día gris apenas iluminaba la estancia- yo... ya no sé en qué apoyarme ¿sabes? No pude evitar esperar algún progreso, un mínimo progreso. "Tres meses es poco" - imitó su propia voz con un toque infantil- y cuando fueron seis me dije "seguro que ya falta menos" - rió nuevamente mientras sus lágrimas volvían a brotar- pero en todo este tiempo, no he recibido la más mínima prueba de crear una ínfima repercusión en ti. Y me decía "para él es difícil expresarlo" o "no debo presionarlo" o cualquier sinónimo que me ayudara a dormir por las noches. Pero, ¿y si desapareciera? Dime si llorarías, si sentirías pena - volvió su miraba hacia aquel pelo alborotado, que observaba el suelo con pesadumbre- ... ¡dios!- gimió golpeando la pared con mos puños antes de comenzar a llorar nuevamente. - ¿Por qué? - le gritó ya- dime tan sólo por qué. ¿Qué he hecho mal? En qué momento me hice merecedora de tanta frialdad, cada día posabas en mí tu mirada vacía, me perseguía por las noches. Me veía a mi misma soltándote todo esto hace mucho tiempo, pero por la mañana me enfadaba conmigo misma por mi poca paciencia, por no comprender tu dolor... - hizo una mueca de asco, el estómago vacío comenzó a revolvérsele, tenía ganas de perder la consciencia, de morir, zanjar aquella conversación sin más palabras que las que pudiera dar la muerte al venir a buscarla. "Ella se viene conmigo" quizá, irse sin tener que decir adios... .
Se dio la vuelta para mirarlo, aquella podría ser la última vez y lo sabía. Suspiró y se secó la cara con las mangas de raído jersey.
-Así que ahora dímelo, por favor. Dos únicas palabras. -ambas miradas rogaban ahora. Una pedía de rodillas, aún estando de pie, la otra suplicaba no tener que lelgar a aquel final. Pero ya era tarde, desde que aquella puerta se había abierto, desde que él había decidido reconocer que estaba despierto, el final de la tormenta estaba escrito ya, para bien o para mal.- Dímelas y te prometo amarte hasta el día en que estés preparado para decírmelas otra vez. Únicamente dos palabras y te prometo esperar de la forma que te sea que cicatricen tus heridas - tomó aire, pequeños espasmos subían por su espalda, sus labios temblaban y las lágrimas comenzaban a nublar su vista otra vez- por favor, sólo dilo.
Pero el silencio habló por si mismo, los ojos del chico se cerraron, intentando expresar un mínimo dolor, pero aquel dolor se acercaba más al arrepentimiento por no haber continuando fingiendo aquel sopor. Los minutos se fueron sucediendo, ambos continuaron quietos. ninguno habría querido aquel final inevitable, pero algunas veces el destino estaba para eso, para reirse de ti.
Ella asintió con los ojos cerrados, dándose por vencida por fin. Bandera blanca, las aguas se calmaron y todo aquel profundo dolor que había convivido con las aguas comenzó a salir fuera poco a poco.
- Gracias - susurró al fin. Se miraron por última vez, con pena, él comenzó a articular una respuesta pero ella negó con la cabeza- no te preocupes, ya lo siento yo por los dos- terminó, soltando en aquella frase toda la armargura acumulada. Caminó hacia la puerta y salió, quedándose apoyada contra la pared un rato, con el fin de recomponerse pero lejos de conseguirlo aún.

He de reconocer ahora, que en el fondo, tuve la esperanza de que su mano m impidiera marchar en aquel momento, aunque sin palabras, quizá sólo salir a buscarem. quizá una llamada perdida al día siguiente, quizá un "dame otra oportunidad"... pero la morfina en mi mente se había agotado hace tiempo y todas aquellas excusas resultaron retazos de todo lo no-vivido a lo largo de aquel año.

viernes, 21 de agosto de 2009

Experimento

Los días, las horas, se sucedían con la velocidad de esos coches que queman la calle de madrugada. El tiempo se sucedía mirando cuatro paredes deseando encontrar la canción que te ayude a llorar, y deseando que llorar sirva de algo esta vez. Con rabia verse retoceder a cada paso, observar como las nubes ocultan los rayos de sol fugitivos que aparecían cada mañana en aquel negro horizonte. Dia tras día, noche tras noche, buscar lágrimas que no encuentran razones para aparecer. Porque no las hay, existieron en el pasado pero se han enterrado.Entonces ¿por qué quieres llorar?
Y ahora mismo puedo presumir de haber tomado la decisión acertada. ¿Qué han pasado... veintitrés horas? ¿Un día, quizá? Seguramente no sea capaz de explicar la alegría que recorrió mi cuerpo en ese momento, la liberación, esas ganas de volar alto, muy alto, y muy lejos. Pero esta vez, no ir sola. No me dejes sola, por favor.



Exactly, I like you now.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Las miradas se entrecruzaban cada día, a cada hora, en el mismo tren. Amor y odio se encontraban, nunca viajaba la indiferencia a las doce de la mañana.Pero aquella no era más que una mirada rutinaria. En poco tiempo, quizá un mes, como mucho, los sentimientos se enfriarían, como siempre pasa. La llama que había mantenido aquella chispa en sus ojos, de amor o odio, se terminaría apagando. Dejando lugar a aquella falsa indiferencia, a aquellos comentarios ahora vacíos para mantener las apariencias. "Te odio","te quiero", se encontrarían y pasarían a significar lo mismo, nada.
Con el dulce paso de los segundos, se formaron días y suaves brisas que hacían flaquear aquellas llamas. Ya no eran pasos rabiosos los que la conducían al vagón ni espasmos los que la llevaban a levantar una mirada oscura hacia la figura siempre sentada al fondo del vagón. La sangre hirviente ya no le hacía cosquillas en la espalda, los dientes no se juntaban y su ceño ya no se fruncía. Su mirada reposaba ahora en los edificios que se sucedían en las ventanas, sus pensamientos vagaban buscando formas en las nubes. Y la figura al fondo del vagón ya no la observaba.

Y su corazón ya no latía como antes, ya no pedía a gritos su nombre. No buscaba cien veces su cara entre la multitud, no esperaba su llamada. Ya no. Su vida ya no era importante, nada más que otra más, y en el fondo deseaba poder mirarla. Y de su boca hacía salior los suspiros de antaño, las palabras bonitas al describirla, pero el mismo notaba la falta, el amor dejando paso al recuerdo, aunque el recuerdo no sea bienvenido.
Ya no me quieres, acéptalo.





  • Demasiada mala costumbre hay de atarse a los sentimientos ¿nadie se ha dado cuenta de que siempre desaparecen?

domingo, 8 de marzo de 2009





Me agarro a los momentos,y no suelto a los segundos,no vaya a ser que te vayas a ir.Y te busco y no te encuentro,no vaya a ser que no vuelvas junto a mí.
Quiero ser la noche eterna de la que nunca vayas a despertar.


Maldita sea mi suerte,malditas sean tu suerte y la mía

martes, 10 de febrero de 2009


Why don't you cry, cry a little over me?
Why don't you lie?
Can't you tell me that I am hard to deny?
Can't you see what I am going through?
Cry just a little for me, oh, girl, a little for me




Cry Just a Little-Avantasia





No me gusta la idea de traducir las canciones,como en todo,creo que se pierde mucho,y más si es un traductor.Así que,mejor leer entre líneas lo que dice.


"En aquella época había dos tipos de personas principales.Las que querían saber la verdad y las que preferían no haberla sabido.

Las primeras,pobres almas estúpidas,vivían con la esperanza de conseguir en su vida una verdad,por lo menos,esa verdad que les hará mínimamente sabios,que les haría aprender a amar y aceptar los defectos de los demás.Una verdad que te permita ver más allá.Ellas,también piensan en lo dolorosa que puede ser esa "terrible verdad" en lo mucho que les hará sufrir.¿Pero qué es eso comparado con saber la verdad?

Las segundas agradecerían mil veces su ignorancia a verse solos.A saber,con esa verdad,lo solos que estaban,lo poco importantes que pueden a llegar las cosas en las que creían.Estas eran,al principio,del primer grupo.Oh,¡pobres almas estúpidas! ahora os dareis cuenta de vuestro error...

Persigue sueños para llegar a ninguna parte,y que se te parta el alma,eso es la verdad,eso fue lo que él me dijo.
Nunca lo olvidaré."

Aún queda un largo camino por recorrer...